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Hablemos de... Trabajar la RESILIENCIA: Afrontar la realidad con fortaleza



Resiliencia, así es como llamamos a la capacidad del ser humano para superar los acontecimientos traumáticos o desagradables. En este artículo, exploraremos qué es exactamente la resiliencia, por qué es importante desarrollarla y cómo puede ayudarnos a superar situaciones difíciles.


Resiliencia. Capacidad de superación

¿Qué es la RESILIENCIA?


En algún momento de nuestras vidas nos veremos obligados a lidiar con algún fracaso, alguna pérdida. El dolor puede cruzarse en nuestro camino de una forma u otra, independientemente de nuestras decisiones, pues no siempre tenemos control sobre las circunstancias que nos rodean. Un ser querido puede sufrir un accidente, podemos perder el empleo, o podemos sufrir una enfermedad.


El modo en que afrontamos las circunstancias adversas o desagradables puede ayudarnos a superarlas más fácilmente. Podemos dialogar, contar con el apoyo de amigos o familiares, enfocar el problema de diferentes maneras. Cómo gestionamos la pérdida, la enfermedad o el fracaso puede ser una tarea más o menos ardua, pues depende de muchas variables. Entre todas ellas, la habilidad de ser resiliente es una de las más importantes, también cuando se trata de superar un problema de adicción.

La resiliencia estimula la pasión por lo que es posible. Nos reafirma que todo puede ser de otra manera, que todo cambio es posible
(A. Forés y J. Grané, 2008. La resiliencia: Crecer desde la adversidad)

Si consideramos la adicción como una estrategia errónea de afrontamiento, la resiliencia se convierte en un factor protector a la hora de desarrollar mejores estrategias que nos ayuden a superar nuestros retos diarios. Ser resiliente nos ayuda a utilizar nuestras experiencias como aprendizaje. Nos ayuda a entender que no podemos cambiar el pasado, pero podemos encarar el futuro con estrategias más eficaces y beneficiosas para nuestra salud.


Desarrollar la habilidad de ser resiliente lleva tiempo, e implica aprender nuestras estrategias de enfrentar relaciones, conflictos y retos de superación personal. Significa, tener una mayor capacidad para afrontar las situaciones desagradables de la vida, permitiéndonos mantener la calma, buscar soluciones efectivas y aprender de las experiencias negativas.

 

A continuación, os presentamos cuatro aspectos fundamentales que pueden contribuir a desarrollar nuestra resiliencia.

Resiliencia. Caos vital.

Ser REALISTA


En muchas ocasiones, plantarle cara a la realidad es difícil. Retos que superar, conflictos que solucionar, muchas decisiones que tomar, y a menudo nos sentimos sobrepasados. Por ejemplo, cuando decidimos dejar de jugar y superar la adicción nos enfrentamos con este problema.


La adicción era un modo poco eficaz de evadirse y esquivar las dificultades, ya que los problemas seguían presentes. El primer paso para aprender es aceptar que la evitación, la adicción, no me ayuda a lidiar con mi vida de manera realista.


Podemos tener grandes expectativas acerca de cómo debe ser la vida que queremos, o las cosas que pretendemos alcanzar. El juego, por ejemplo, también nos crea unas expectativas de éxito que no se corresponden con la realidad. En nuestra imaginación todo transcurre muy deprisa, y de una manera muy idealizada: “voy a conseguir el premio”, “voy a saldar todas mis deudas”, etc. Siempre nos creamos unas expectativas donde nosotros tenemos el control.


Para empezar a cambiar nuestra perspectiva debemos empezar a aceptar que no tenemos ningún control sobre el juego, pues depende del azar. Debemos ajustar nuestras expectativas a la realidad, y sólo entonces empezaremos a tener una visión más ajustada de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.


Ser realista implica reconocer los límites,

aceptar los problemas y saber pedir ayuda



Ser FLEXIBLE


Durante la adicción, perdemos el control sobre nuestras ideas y pensamientos. Nos autoengañamos y no aceptamos opiniones contrarias.


La flexibilidad es una habilidad que nos permite adaptarnos a los cambios y a las situaciones imprevistas. Ser flexible significa reconocer que no siempre tenemos el control sobre lo que sucede en nuestras vidas, y estar dispuestos a aceptar los cambios en nuestras creencias y maneras de pensar, habilidades que también nos ayudan a desarrollar la resiliencia.

Resiliencia. Adaptación.

Aceptar otras perspectivas, y cambiar nuestra actitud hacia la información que nos brindan nuestros seres queridos, nos ayuda también a reestructurar el modo en que percibimos el mundo y nos percibimos a nosotros mismos.


Ser flexible también nos ayuda a adaptarnos mejor a los cambios que nos trae la vida. Mientras jugábamos, no aceptábamos otro método de soportar la realidad que no fuera a través de la evasión, pero si somos flexibles podemos valorar otras estrategias más ajustadas a nuestras necesidades y circunstancias.



Trabajar nuestra RED DE APOYO


Los humanos no somos islas. Necesitamos a los demás.


Durante las fases problemáticas de la adicción, nuestras relaciones sociales se ven duramente afectadas: perdemos contacto con amigos, se deteriora nuestra relación de pareja y es posible que nuestra familia alcance también un punto límite. A lo largo de ese proceso de adicción nos convencemos de que no necesitamos a nadie a nuestro alrededor e incluso nos autoengañamos diciéndonos que los demás son injustos con nosotros, porque “no tenemos ningún problema”. Y todo eso nos conduce a estar cada vez más aislados.

Resiliencia. Red de apoyo.

Trabajar en nuestra red de apoyo social significa romper viejos esquemas de comunicación, ser sinceros, aprender a escuchar y aprender a comunicarnos. Significa saber estar ahí para los demás, y saber pedir ayuda cuando la necesitamos. Una red de apoyo nos ayuda a ser resilientes, porque significa que:


Cuando suceda la adversidad,

sabremos que no tenemos porque soportarla en solitario



Fomentar el AUTOCUIDADO


Entendemos el autocuidado como un conjunto de actitudes, decisiones y comportamientos que realizamos para preservar nuestra integridad, no sólo física, también a nivel emocional y cognitivo. Para empezar encontrarnos mejor no debemos pensar en cambiar el mundo a nuestro alrededor, debemos empezar por conocernos y sentirnos a gusto con nosotros mismos, aceptando nuestras propias fortalezas y debilidades, identificando qué áreas debemos trabajar para seguir avanzando y superar nuestros propios retos.


El autocuidado no significa que debamos anteponer nuestras necesidades a las de los demás. Significa trabajar en nuestro bienestar emocional, aprendiendo a gestionar nuestras emociones, a replantear nuestras creencias, y a deshacernos de pensamientos irracionales. El autocuidado implica empezar a prestar a atención a nuestro cuerpo, a gestionar el estrés y la ansiedad mediante técnicas de relajación o meditación, y a mejorar nuestro autoestima.


Trabajar el autocuidado es trabajar en nuestra salud, entendiendo qué cosas debemos cambiar o preservar para sentirnos más fuertes a nivel emocional, físico y mental. Tener un buen autoconcepto no es un acto egoísta. No hay artificios, no consiste en repetirnos delante del espejo lo magnífico que somos, ni se trata de una autocrítica feroz: es un trabajo de aceptación y siempre ajustado a la realidad.


Si con la adicción evitábamos las situaciones incómodas, las relaciones difíciles, y los pensamientos desagradables, trabajar el autocuidado significa aprender estrategias para afrontar la realidad sin dejar de lado nuestro bienestar. Una correcta autoestima hace que seamos capaces de mantenernos fuertes dentro de nuestro propio cuerpo y nuestra mente.


 

Resiliencia: afrontar la realidad con fortaleza

Teniendo en cuenta todo lo anterior, se puede deducir que…


Ser resiliente no significa que nos volvamos inmunes al malestar, ni nos evitará sentir tristeza o sufrimiento en el futuro. La resiliencia se construye precisamente alrededor del malestar, del aprendizaje que extraemos al hacerle frente, y de las estrategias que desarrollamos para superarlo. Ser resiliente hace que nos adaptemos mejor a la adversidad, que encajemos el trauma, el dolor y las amenazas de manera más eficaz, para que la experiencia nos cause el menor daño posible.


No podemos evitar los sucesos desagradables, pero, como adictos, venimos de una experiencia en la que tolerábamos el dolor y la adversidad a través de la evitación y el autoengaño. Ser resilientes, por el contrario, nos prepara para afrontar esas situaciones de manera realista y al mismo tiempo nos ayuda a aprender. Nos ayuda también a mantener una perspectiva a largo plazo, recordándonos que las dificultades son temporales y que somos capaces de superarlas.


Resiliencia. Conexión social.

La resiliencia es una habilidad valiosa que todos podemos desarrollar. Cultivar una mentalidad realista, saber adaptarse al cambio, fomentar la conexión social y desarrollar habilidades de afrontamiento saludables, nos ayuda a mantenernos fuertes y buscar ayuda cuando lo necesitamos.

* Todas las imágenes han sido creadas por asistentes de Inteligencia artificial.


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